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EL DESCUBRIMIENTO DE LA TUMBA
DEL SANTO APÓSTOL. |
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Pocos años después (813 ?), en el espacio geográfico
del nuevo reino asturiano, Finis Terrae, en Occidente, donde muere el sol, un monje
anacoreta Pelagio comunica a su obispo Teodomiro la visión de unas
luminarias que caen encima de una cueva (lluvia de las estrellas en
verano). El obispo Teodomiro pasa la noticia ( bonum donum)
al rey de Oviedo Alfonso II el Casto, el de las dichas de conocer
la noticia del |
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sepulcro, visitarlo y protegerlo. Este
la lleva hasta Aquisgrán donde se halla el Emperador (Carlomagno,
no pudo ser el receptor del mensaje, puesto que había muerto antes
de esa fecha) y llega la noticia hasta Roma, el Papa San León III
(795-816) es quien recibe la gran noticia dándola a conocer
en la carta Noscat Fraternitas Vestra. |

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| Desde el momento
de la invención de la tumba con los restos de Santiago, el Apóstol
y su imagen comenzaron ser mágicos para los cristianos en
general y en particular para los militares y para los peregrinos.
Toda la historia de Santiago, en el fondo y en la forma, es como un
sistema de pensamiento religioso y político, plasmado en forma simbólica. |
| Todo ello se configura ya en la segunda mitad el
siglo VIII, bajo la inspiración de un monje teólogo, apologista y
asesor de los reyes asturianos, y se confirma en el IX, X y XI con
las peregrinaciones y como una ideología de recuperación del
reino, reconquista del reino visigótico, que da origen a una Spania
cristiana y a la necesidad de establecer y declarar a un héroe
protector del pueblo o lo que es lo mismo, el nombramiento de un
santo protector del reino cristiano y de sus ejércitos, con el
signo de la cruz. |
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