DE RIAÑO A CISTIERNA

El  camino o  ruta,  saliendo por el puente nuevo de Riaño discurre por el lado izquierdo del embalse,  por  pueblos  y  paisajes  realmente  bellos,  que  nos  hacen  recordar  a  los que desaparecieron bajo el agua,  que también  sepultó  la  Calzada  Romana  antigua.   Es  un
trayecto de 32 kilómetros  hasta  Cistierna, que puede dividirse en dos jornadas y que pasa por más de una veintena de pueblos a ambos lados del río Esla y de la carretera N. 621.
A la salida de Riaño,  cruzando  el embalse, tumba del antiguo pueblo de Riaño, por el gran puente de hormigón,  y  después del túnel, nos acoge a la izquierda, la ermita de La Virgen de Quintanilla,  en  la  proximidad  ya  de  Carande.  Es  una  gran  ermita del siglo XVIII, reformada recientemente al trasladarla más  arriba  del  lugar  primitivo,  que  conserva  una imagen románica de Santa María,  de muy buena factura, pero mala restauración, guardada en la iglesia de Riaño.

Ermita de Quintanilla, e imagen románica de Santa María.

El  lugar  es  como un mirador que nos permite volver la vista hacia atrás,  para ver otra vez el lago donde se reflejan las montañas.  En  la  ermita,  se  celebra  la fiesta el 15 de agosto, mantiene los recuerdos de lo que fue un centro turístico,  corazón de la montaña leonesa de antaño.
Siguiendo  nuestro  camino,  llegamos  a  Carande,  cruce  y  bifurcación de  la  antigua  vía romana y que conserva aún viejas casas típicas de la zona,  algunas con blasón, que reflejan su importancia pasada.

Casas en Carande.

Aún queda  un hórreo en mal estado de conservación y el resto de su patrimonio artístico lo encontramos dentro de su iglesia.

Conserva   el   sagrario   renacentista   de  un retablo  dedicado  a  San  Hipólito  y algunas imágenes del mismo, entre las que  destaca la curiosa e irreverente imagen de María con el Niño que  cruza  las  piernas,  recordando  al famoso Espinario clásico.

Tanto  Carande,  como  el siguente pueblo es decir Horcadas,  que  nos  encontraremos en nuestro   camino   fueron   dominios    de    la abadesa del monasterio de Gradefes,   desde el siglo XIII.

 

 

 

 

Horreo, iglesia e imagen de la Virgen con el Niño, en Carande.

Se  llega  hasta  Horcadas (Forcadas)  por  la  que  fue  antigua  calzada que venía  desde Huelde que pasa por debajo de la carretera actual (dejando  a  Anciles,  en  el  desfiladero, hoy ocupado por las aguas).

Pueblo e iglesia de Horcadas.

En  la  iglesia una imagen de San Miguel recuerda un poblado antiguo, con ermita dedicada al santo Arcángel. Es pueblo con casas restauradas, limpio, de agradable clima y con vistas a Peña Las Pintas, El Jaido y Aguasalio  con altitudes próximas  a los 2000 metros.
Cruzando el túnel  de Remolina y pasando por encima de la presa de hormigón que detiene las aguas  del río Esla, convirtiéndole en lago, dejamos a la izquierda  a Remolina (Molino de Río),  situado en un valle frondoso entre rocas. El pueblo tuvo dos ermitas: San Roque y San Jorge.  San Roque, el peregrino, que vemos en todas las iglesias como protector de las pestes y  de  los peregrinos y San Jorge, el héroe. Dice la tradición que cada año se ofrecía una  doncella  para  satisfacer  las  ansias  del  dragón,  que  fuera  lanceado  por  el   santo protector.   El  dragón  era  símbolo  del  mal; la doncella siempre significó la  inocencia y la libertad, defendida en la leyenda por el  héroe Perseo, Hércules, San Miguel o San Jorge.

A  los  11 kilómetros de Riaño se llega a Las Salas (¿Las Alas?).  Este lugar era citado en los  documentos  antiguos   como monasterio de  San  Martín  de Alión y formó más tarde el concejo del mismo nombre, hoy recordado como  el  Valle  de  Vegalión,   junto   a   las ruinas   del  antiguo  monasterio  y  el  molino restaurado. Estas tierras fueron donadas en el siglo   I X     al    monje    Sisenando    quien, procedente de la zona  y siendo abad de San Martín    de    Turieno    (Santo   Toribio   de

Ruinas del monasterio de S. Martín. Las Salas.

Liébana) fue nombrado  obispo de Iria Flavia, (Padrón), más tarde diócesis de Santiago de Compostela.

En  la  iglesia se conserva una bella escultura del siglo XVI del titular San Martín, otro santo protector  de  peregrinos, puesto que se le representa dividiendo su rica capa de militar con el  pobre  peregrino  desnudo,  aunque  en  este caso sea una representación de San Martín como obispo.
Cruzando el puente situado a la izquierda, se inicia el camino por la Calzada Romana.
Volviendo  a  la  carretera,  podemos  recular  hasta  Las  Salas  para   iniciar   La  Calzada Romana, o continuamos, cruzando El Sabinar, 5 Kilómetros hasta Crémenes.
Crémenes.

Crémenes es  en  centro  administrativo   del ayuntamiento con 13 pueblos  que  forman  la Mancomunidad   de   Montaña   de    Riaño: Aleje,   Argovejo,  Ciguera,  Corniero,  Lois, Remolina,  Salamón, Las Salas, Valbuena del Roblo,     Valdoré,     Velilla    de    Valdoré, Verdiago y Villayandre.  En estos lugares han aparecido  más  de  una  docena  de   lápidas vadinienses, lo cual hace pensar  que  pudiera haber   sido  el  centro  de  la  etnia  cántabra llamada  Vadinia.   (Museo  de León, museo

de Santander, museo de Oviedo).

Merece  la  pena  visitar la antigua iglesia de San Miguel, dedicada  a menesteres agrícolas,  tal vez un caso único en el mundo:  un  establo  con  diez  pesebres  de vacas que rumian su comida y rumiaban mientras contemplan un retablo  pintado  en  el  pared  del  siglo XVIII, con las imágenes del Cristo rodeado de María y San Juan y una  Anunciación.   Las vigas y las ménsulas están talladas en madera  de  roble  y  rematado  al  exterior por una  graciosa espadaña sin campanas.

Iglesia de San Miguel. Crémenes.

Bien  merece  una  atención   mejor  que  la  que  tiene,  al  igual que el hórreo contiguo y el herrador. La neorrománica iglesia actual es obra 1946-1949,  realizada con planos de Juan Torbado, sobre un solar permutado por  la  iglesia  antigua.   Conservaba en su interior una imagen de San Miguel del siglo XIV,  procedente  de  la citada iglesia y desaparecida, pero se conserva  un cordobán policromado del siglo XVIII.

Horreo, e iglesia nueva de Crémenes.

Un desvío a Corniero permite conocer uno de los pueblos escondidos en la Montaña que conserva un bello herrador.

TRAMO DE LA CALZADA ROMANA

Las calzadas se trazaban por ingenieros militares romanos, que a su vez vigilaban la construcción a lo largo del trayecto elegido, valles de los ríos o puertos de montañas. Como personal de trabajo se servían de los mismos legionarios, aunque en muchas ocasiones utilizaban a los esclavos y prisioneros de guerra. Se comenzaba desbrozando el terreno en la anchura que debía tener la vía, colocando canales para el drenaje y desagües. La primera capa estaba compuesta por piedras con arena, formando un cimiento o statumen. En cima se ponía una capa de grava o zahorra que formaba una capa compacta y dura o rudus. Continuaba otra  capa de árido más fino, nucleus, sobre el cual se instalaban las losas de piedra que formaban la superficie propia summa dorsum de  las  calzadas  romanas.  Todo  ello con un

cordón más alto en el centro, para desviar las aguas de las lluvias hacia los laterales.

Desde Las Salas y también desde Crémenes y Villayandre, se puede tomar la opción de utilizar la senda, antigua Calzada Romana, y ruta de carros reparada en la época de Carlos III en el siglo XVIII, señalada recientemente  como ruta  PR-PE 5, de una longitud de 12  kilómetros que une varios pueblos: Las Salas, Crémenes, Argovejo,  Villayandre y Valdoré,  y se puede prolongar, recuperando  tramos que se conservan, hasta Aleje, Verdiago y Santa Olaja de la Varga, Vegamediana y Cistierna.

La pista, llamada Calzada Romana, bordea la orilla izquierda del río Esla y las estribaciones del  monte Aguasalio. Cruzando la zona de San Roque, el escobio de Remanganes, y la Fuente de la Olla, se llega hasta la Casa de los Pescadores, bello rincón y  albergue que utilizó el general Franco para sus días de pesca de la trucha. Este tramo de calzada entre sabinas, nogales y fresnos, conduce  hasta la ermita Virgen de Pereda, (Pereta) obra  moderna, de 1966, que ofrece un descanso en el camino, junto a la fuente y que sustituyó al antiguo monasterio de San Martín de Pereta.

Por un documento del año 1020, firmado en el castillo de Cildad de Sabero, consta que hubo un monasterio, dedicado a San Martín, que disponía de una tabla de pesca en el río Esla, para sostenimiento de monjes y  de los viandantes que pernoctaban en el hospital del cenobio.

En el documento se hace constar que las muchas posesiones con que le dotan sus fundadores, Fernán Flaínez y su esposa  Elvira, han de servir para sustento de los pobres peregrinos. El monasterio dependió algunos años  de los canónigos de Santiago de Compostela, pasando más tarde a ser administrado por el monasterio benedictino de Benevivere, junto a Sahagún, que tenía muchas posesiones en la zona, entre ellas el curato de Argovejo.

Nada queda de esta antigua historia, si no es el recuerdo en la nueva  ermita de Pereda que nos permite descansar en su pórtico y en la fuente.
Se puede uno  distraer, desviándose 2 kilómetros,  hasta Argovejo, (Arguvelio) que es un pueblo típico de montaña con casas antiguas restauradas y Centro Turístico Rural bien servido y otras atenciones hosteleras y gastronómicas. En la iglesia restaurada poco queda,  salvo la imagen del titular,  San Andrés,  en un retablo moderno de ladrillo y de gusto muy dudoso.
Continuando la Calzada Romana, asfaltada desde Pereda hasta el puente de  Crémenes, se pasa por el lugar de San Roque, el Escobiello  y después se llega a Villayandre.
La calzada toma suavemente cierta altura, con piso de grandes losas y muros de contención, hasta llegar a  la  Entrecisa,( cortada entre rocas),  por el llamado El Pajar del Diablo (la ¿Bajada del Diablo?). Discurre suavemente por las  montañas cortadas sobre el río, los Dependios, creando  espacios de sombra entre bosques de robles, sabinas, alisos, álamos, avellanos y  vistas sobre el río y la carretera que forma meandros en el profundo valle.

La calzada de más tres metros de anchura, conserva  tramos de grandes losas y muros laterales. Es fácil para caminar e inolvidable su paisaje para caminantes y peregrinos amantes de la naturaleza, de la historia y la espiritualidad, pisando las losas de una calzada romana y medieval utilizada durante tantos siglos por vadinienses, romanos, soldados medievales, peregrinos y caravanas de carros que llevaban muebles y madera de roble y haya hasta Tierra de Campos, a cambio de traer  trigo y vino, lo que se ha nominado como El Ruido de las Carretas

A la Calzada Romana se puede entrar  por el puente de Las Salas, el de Crémenes o por el de Villayandre.
Villayandre aun mantiene restos de la calzada romana, bien visibles,  que sirvió, sin duda, para los caminantes medievales y en el pueblo, alguna casa blasonada recuerda a los caballeros medievales. En la iglesia, partida por un muro inútil, hay varias imágenes barrocas, San Roque, de la antigua ermita, que muestra un curioso bigote y sombrero dieciochesco, San Bartolomé, atando con una cadena al demonio y Santa María.

Bordeando el río Esla,  entre montañas de rocas calizas que atesoran abundantes vestigios geológicos y prehistóricos, (escuela de geólogos), el caminante desciende por la calzada hasta  a Valdoré, (Val de Ored) encontrando a la entrada un buen hostal, Ventasierra. Saliendo  de la calzada y  cruzando el puente situado a la derecha , en la iglesia del pueblo, se venera la bella imagen románica de Santa María del Esla, del siglo XIII, una de las pocas piezas medievales salvadas del ansia de musear todo en la capital. Bien merece la pena un paseo de poco más de un kilómetro para visitar Velilla de Valdoré,  típico pueblo de montaña,

escondido en un valle alegre y sano, donde se han encontrado un par de lápidas vadinineses. Estos  pueblos fueron desde el siglo XI, parte del condado de los Flaínez y también de los Aguilar (Aquilare) que tenían su castillo en Sabero.

El río Esla, perfectamente regulado por la presa de Riaño, suele tener agua abundante, en verano y en invierno, y sirve  para que los deportistas aficionados al Rafting  practiquen este deporte en aguas bravas, así como el descenso en piraguas, a lo largo de este río poco conocido y explotado, desde el punto de  vista  deportivo  y que pudiera ser uno de

En  su  iglesia,  dedicada  a  Santa  Eulalia  un  Santiago Matamoros remata, de una manera extraña, el ático del  bello retablo, de arte muy popular por su gran colorido.
Por  la  izquierda  continúa la senda o calzada  a Santa Olaja de la Varga (Santa Eulalia de la Cuesta) pueblo típicamente montañero, como su vecino, Fuentes de Peña Corada, que, al estar situados a la izquierda, fuera de la carretera actual, se olvidan.
La calzada antigua, se interrumpe en tramos, por obra de la nueva carretera, y llega hasta Verdiago. Aún  conserva un hórreo, y arriba en la colina un castro de origen celta, utilizado  por los cántabros vadinienses, que popularmente se llaman castillos de moros. El pueblo tuvo “voto de Santiago”, es decir, practicaban la ofrenda al Apóstol cada año, acudiendo a su festividad a Compostela. La iglesia dedicada a San Mamés, conserva la pila bautismal antigua como jardinera al exterior.
Aleje, con restos de una excavación con enterramientos medievales, cerca de la iglesia, parece ser el lugar donde nació el citado Sisenando. De hecho las tierras de Aleje y Villayandre fueron donadas por el rey Alfonso III a Sisenando (año 872), porque le pertenecían por herencia de familia. Ambos pueblos se comunicaban por el puerto de Ventaniello, en cuyo trayecto estaba la ermita de San Miguel y se conocía como el enclave de Sisenando  o pequeño lugar gallego.
En Santa Olaja aun permanece sobre el río Orbayo o de la Duerna, el puente de Los Vaiteros, (Viatores o Viajeros)  en los Campos Caudoces, con los restos de lo que fue la Calzada Romana y camino medieval (utilizada como ferrocarril para trasporte del carbón durante el siglo pasado). Los Campos Caudoces bien pudiera haber sido el lugar donde los romanos establecieron  el campamento  en las guerras contra los cántabros. En la iglesia se conserva la imagen  de la ermita de Santa María de Orbayo del siglo XVIII, titular de un santuario mariano de origen visigótico, cuyos restos están en trámite de recuperación.

Una cueva natural llamada El Carrascal, de gran interés, debido a sus salas llenas de estalactitas  y estalagmitas, espera su puesta en marcha para ser visitada .

Cueva del Carrascal. Santa Olaja de Peñacorada.

En la iglesia de Fuentes de Peñacorada, para los que desean desviarse en el cruce de la izquierda a visitar este pueblo de montaña, (3,400 klm.), la presencia de una cruz mozárabe del siglo X, (trasladada al Museo Diocesano de León), y la imagen de Santiago Peregrino en el retablo hablan de la antigüedad de la población y su relación con Santiago, a quien procesionan vestido de dulces y flores cada año. Es una lástima que no se hayan respetado con mayor atención las arquitecturas populares de estos  pueblos, situados en un paisaje de montaña excepcional en la vertiente norte de Peñacorada.

Subir al mirador de Los Rejos es una opción agradable para contemplar una gran panorámica del valle del río Esla y los demás lugares que rodean a Peñacorada. Especialmente de interés es la   vista de los castros de Sabero (Cildad) y Santa Olaja, situados uno frente al otro, para defender el

paso por el estrechamiento del río Esla entre las montañas.

Cistierna (Cisterna, aljibe) es el límite entre la Montaña y la  Ribera. Los romanos explotaban minas de cobre que lavaban en la zona de donde posiblemente proceda el nombre de Cistierna, según algunas opiniones. Una fuente termal de abundante agua, con el nombre de Jagariz, denota una vaga presencia de los árabes, donde un aljibe o cisterna situado en la parte norte del lugar, a la que acudía la gente, pudiera ser el verdadero origen del nombre de Cistierna. Desde el siglo X se documenta la existencia de un monasterio dúplice de hombres y mujeres dedicado a San Facundo, Primitivo y

Cipriano en el pueblo. En el siglo XII,(1122) un clérigo llamado Pedro Vélaz construye la iglesia de Santa María y junto a ella un hospital “ para pobres y míseros  peregrinos”. Aun permanece la iglesia con el nombre de Santa María, reformada posteriormente y que ahora se usa como centro cultural para manifestaciones artísticas, en la zona del Albergue de San Guillermo y la Casa Cultural.

Las minas de carbón en las zonas cercanas, explotadas desde mediados del siglo XIX y el ferrocarril de vía estrecha  llamado El Hullero (1890 – 1894) (hoy Feve) hicieron de la villa de Cistierna un importante centro comercial, porque alimentó de energía carbonífera y de mano de obra a la industria vasca de Bilbao, durante más de un siglo.

Puente de Hierro, maquinaria y vagones.

De  nuevo  el  antiguo  ferrocarril ha sido renovado como El Transcantábrico, por el norte de las provincias de León,  Palencia  y  Burgos  hasta  unir  con  el  circuito del Cantábrico, Bilbao,   Santander,  Oviedo,  Ferrol  y  Santiago  de  Compostela,  a  ambos  lados  de  la cordillera. ¡Moderno camino jacobeo en tren!
La  celebración  anual  de  El día de la Olla  ofrece  un  recuerdo  a  los  ferroviarios   que viajaban en las cabinas abiertas  de  los  vagones  del  antiguo  ferrocarril,  soportando  frío, nieve y agua,  vigilando  los  frenos  manuales  de  los trenes hasta Bilbao, mientras hervía la típica olla con el cocido de alubias, garbanzos, chorizo, la  morcilla  y  el  tocino,  al  mismo tiempo que les servía de estufa.

La casa consistorial, construida en el año 1929, es obra importante, no terminada según el proyecto del arquitecto Blanch, pero sí  el añadido dirigido por Martín Granizo en el año 1980. El mercado de los jueves, en una plaza cubierta de hierro moderna, mantiene viva la historia de Cistierna, que vuelve a tener actividad, gracias a la ganadería extensiva e intensiva de la montaña

y  su  selección  de carnes de calidad, que ha sustituido al transporte de hulla, en los nuevos polígonos industriales de Vidanes y Sotillos.
Típicos son los sabrosos dulces o Lazos de San Guillermo, Las Teclas y otros productos, como la sopa de trucha,  el  queso  de  pata  de  mulo,  la cecina de Valmartino  o las jijas (adobo de cerdo con ajo y pimentón rojo).
En Cistierna  se  encuentra  también el eremitorio de San Guillermo, el cual es el patrono de la población.
San  Guillermo  fue,  posiblemente,  un  peregrino  francés  del  Camino  de  Santiago,   que terminó  “su camino”  como  eremita  en  una  cueva,  en  la ladera norte de Peñacorada, en época incierta. Después se hizo monje en el monasterio de la Virgen de Vallulis (La Velilla), donde organizó la comunidad y fue abad.   Un  mirador  ante  la  cueva  y  capilla  del santo permite tener una bella vista del valle del Esla.

Cueva de San Guillermo de Peñacorada. Cistierna.

La sierra de Peñacorada (coronada) con 1800 metros de altitud es el muro de la Montaña y Cistierna la puerta. Varios pueblos, de origen muy antiguo, se acogen entre los repliegues de las  laderas de Peñacorada, rodeados de vegetación, y en sus pequeños valles son verdaderos remansos de paz y tranquilidad veraniega: Ocejo de la Peña, Fuentes de Peñacorada, en el lado norte y Prado de la Guzpeña, Robledo de la Guzpeña,  Quintana de la Peña, ya despoblado y Valmartino, en el lado sur. El término  peña define su situación.