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La hospitalidad es una de las
actividades características de los monasterios. Se puede decir que
la vida solitaria encerrada en un monasterio piensa en los pobres,
caminantes y peregrinos continuamente, cumpliendo la máxima evangélica:
quien recibe a uno de estos a mí me recibe. |
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Los monasterios eran verdaderas posadas donde se
recibía a caminantes, pobres y peregrinos. Como la peregrinación
era de forma de vida permanente en la religiosidad de la época,
encontrar peregrinos en ruta hacia los distintos santuarios de gran
devoción era normal en todos los caminos, especialmente a los que
iban los santuarios más importantes: Santiago de Compostela y Roma. |
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Es excepción el monasterio de esta época que no
ofrezca algún documento sobre asistencia y recepción a peregrinos.
La única referencia que tenemos de paso de peregrinos por un lugar
es debida precisamente a la asistencia hospitalaria.
A consecuencia de la hospitalidad se crea
en los monasterios un servicio de asistencia sanitaria en una época
que la sanidad estaba en manos de la Iglesia y por tanto era un
ejercicio de la Caridad, nombre que recibían ciertos servicios. El
nombre de hospital procede de hospes, huésped.
Se recibía a todos con caridad por parte del hospitalero y se les
despedía ritualmente.
Si llegaban cansados y con hambre y sed se les calmaba y se les
entregaba una vianda, pan, queso, cecina y vino para marchar.
En los monasterios tenían mesa, lecho y techo, a cambio el caminante pagaba con una limosna, oyendo
misa y haciendo oración. |
Albergue fundado por el prior de
Triacastela. Siglo XVI.
Puente Villarente (León)
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